UN PASTOR DEL LLANO Y LAS MONTAÑAS

Estas líneas quieren ser un sincero homenaje a quien desde hace 14 años pastorea a esta porción del pueblo de Dios que es la Prelatura de Yauyos, me refiero a nuestro actual obispo, Mons. Ricardo García García. El Señor lo llamó a ser sucesor de los Apóstoles cuando se encontraba realizando sus menesteres sacerdotales en la ciudad de Arequipa. Fue un Obispo por el que se rezó mucho, incluso sin saber su nombre. Al poco tiempo que su predecesor marchó a Cuzco para tomar posesión de esa arquidiócesis, se mandó confeccionar una estampa en el que se pedía ya por el Obispo Prelado de Yauyos y que se rezaba al término de cada santa misa. Dios nos dio respuesta en una fecha tan acertada como mariana, y es así que un 13 de octubre conocíamos al que sería nuestro cuarto obispo. Desde ya queríamos conocer más de él, detalles de su vida, aficiones, etc. Pero eso no fue posible hasta el día 04 de diciembre del 2004, fecha en la que recibió la ordenación episcopal y tomó posesión.

Aquel día fue un día inolvidable para muchos, la última ordenación episcopal fue la de Monseñor Enrique Pélach, cuando fungía de vicario general y marchaba a la diócesis de Abancay. Un mar de gentes venidos de las tres provincias que comprenden la jurisdicción eclesiástica, así como algunos venidos de otros lugares del Perú se congregaron en el Santuario Madre del Amor Hermoso, que por primera vez era el escenario de una consagración episcopal. El marco fue solemne y el ceremonial muy emotivo.

Ese día fue el comienzo de una nueva etapa en el andar de la Prelatura de Yauyos. Una etapa de continuidad y a la vez de nuevos retos en la ansiada labor evangelizadora. Se estaba a tres escasos años de celebrarse los 50 años de la Prelatura. El fallecimiento de Monseñor Pelach y el terremoto que asoló nuestro país cambiaron la tonalidad del ambiente festivo que ya se vivía en el 2007. No hubo pérdidas humanas como los hubo en la ciudad de Pisco, pero si hubo mucho que levantar y reconstruir. Varias iglesias y capillas, algunas muy dañadas por el movimiento telúrico, tenían que volver a levantarse desde sus cimientos. De esta manera el Señor depositaba en los hombros de Mons. Ricardo García el deber honroso de habilitar nuevos recintos para el oficio sagrado. Hubo que hacer muchas llamadas, tocar puertas, acudir a la generosidad de personas particulares e instituciones para sacar adelante los ansiados proyectos. Las primeras piedras que se colocaban con gran expectación y en un ambiente festivo llegaron a buen puerto. Mons. Ricardo a lo largo de estos años ha dedicado y bendecido más de 20 iglesias y capillas.

En la existencia personal hay alegrías y penas, días de luz y de oscuridad. A nuestro Obispo Prelado también le ha tocado acompañar con serenidad y amor de padre a los sacerdotes que habían perdido a su familia de sangre. Tenía el noble gesto de acompañar y muchas veces presidir los funerales. Entre estas exequias se encuentran el de su predecesor, Luis Sánchez Moreno Lira en el 2009, y de los bien recordados P. Frutos y P. Vicente. A las alegrías del sucesor de los apóstoles por estas tierras se suman las bodas de oro del Seminario Menor, las bodas de plata de sus sacerdotes, así como las ordenaciones sacerdotes que ha tenido que presidir en estos años.

Muchas alegrías, con los claroscuros que se presentan también la vida, se seguirán cosechando en esta andadura. Nuestro pastor con cayado en mano tiene que sentir el respaldo de su rebaño que siempre ora con él, para que todos juntos como Iglesia peregrina nos encaminemos hacia la patria celestial.

Pbro. Marvin Leonel Cárdenas Espíritu

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